








Una vez contestadas las preguntas, me pidió agua. Se la traje; entonces hubo un silencio raro y un cruce conocido de miradas. Sentí que el tipo quería algo más, pero no se atrevía a pedirlo. Me levanté y le dije:
- ¿Quieres algo más?Me sonrió. Me miró de nuevo y contestó
- Si, pero no te vayas a arrechar pana
- Tranquilo, suéltalo...
Casi en un susurro, contestó
- Te quiero comer el culito…Esta vez el silencio fue mío; no entendí lo que “comer el culito” significaba para él. Pero, decidí averiguar.
Lo pasé a mi habitación y me quité la bata; el se bajo el pantalón rápidamente mostrando una potente erección en un pene que no tenia nada de particular. Un poco grueso tal vez, pero nada más. Me acerqué a agarrarlo, me detuvo diciéndome:
- No me lo agarres, voltéate, te voy a dar lenguaMe acosté boca abajo, esperando su próximo movimiento.
El hombre empezó por acariciarme las nalgas, luego mojó con saliva su dedo y me lo metió poco a poco, mientras terminaba de quitarse la ropa. De pronto, enterró su cabeza entre mis nalgas y comenzó la más sabrosa mamada de culo que me han hecho en años. El tipo metía la lengua profundamente, relamía en círculos todo el borde del orificio y volvía una y otra vez a chupar, de todas las maneras posibles, un culo que estaba esperándolo ansioso. Se resistía a entrar, aunque yo se lo pedía suplicante. No lo hizo. Se dedicó a complacerme solo con su lengua. La metía y la dejaba dentro unos segundos, para arrancar después una nueva sesión de movimientos rápidos dentro de mi túnel. Movía la lengua como una culebrita a pilas. Yo gritaba de gusto y eso lo encendía. En un momento me volteó, abrió mis piernas, y se instaló a mover su lengua con más fuerza y deleite. Agarró mi guevo, duro como un hierro, y empezó a masturbarme, me lo soltó diciéndome:
- Pajéate pana, vamos a acabarSin retirar la lengua, empezó a darse riquísimo. En segundos, potentes chorros de leche de los dos anunciaron el final.
Se acostó a mi lado y, como si necesitara una disculpa, me dijo
- Pana, no sabes cuanto me gusta pajearme cuando me mamo un culito de hombre. Es lo único que hago con un macho.Sonreí; realmente él no sabia que yo me había dado cuenta de eso hacia rato.
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