Repetirlo no está de más...hay que mantener los pelos en su santo lugar; sobre todo si esa rica maraña de vellos, está ubicada allí, en el sitio justo, donde nuestra boca se deleita descubriendo un sabor inconfundible y nuestro olfato nos regala el olor del hombre que vamos a complacer. Lo dicho: no tengo ningún problema en tener que arrancar de mis dientes algunos pelitos sueltos, servirá como recuerdo del grato momento transcurrido con su dueño..





























