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viernes, 4 de junio de 2010

Peludos...

Repetirlo no está de más...hay que mantener los pelos en su santo lugar; sobre todo si esa rica maraña de vellos, está ubicada allí, en el sitio justo, donde nuestra boca se deleita descubriendo un sabor inconfundible y nuestro olfato nos regala el olor del hombre que vamos a complacer. Lo dicho: no tengo ningún problema en tener que arrancar de mis dientes algunos pelitos sueltos, servirá como recuerdo del grato momento transcurrido con su dueño..





lunes, 10 de mayo de 2010

Pray..

Insisto en mantener mis preferencias. No es que yo sea capaz de despreciar un tipo porque está demasiado afeitado; es que, puesto a escoger, siempre voy a preferir al que dejó sus pelos para que siguieran el curso normal. Allí donde tienen que haber pelos, es mucho más sexy encontrarse con ellos. Lo demás es una moda, una costumbre pasajera o la herencia de los metrosexuales. VIVAN LOS PELOS!!!

sábado, 23 de enero de 2010

Sin un pelo de aburridos...










Ayer leí que los hombres calvos disfrutan mucho más su vida sexual y poseen cantidades de testosterona más altas que los hombres cuyo pelo está sano y saludable. También decía el mismo estudio, hecho por la Unversidad de California, que la calvicie definitiva, (inlcuso la que es provocada al escoger llevar el cabello cortado al rape) parece aliviar al hombre de muchas de sus ansiedades y lo incita a mostrarse al mundo tal como es. Continúan diciendo que para un hombre calvo homosexual, es mucho más fácil salir del clóset y asumir su vida sexual libremente.
No tengo idea si eso será realmente así, pero tengo la costumbre de asociar la calvicie con sexualidad desbordada y hasta ahora, cada vez que mi compañero de cama es uno de esos pelones divinos que andan por ahí, deshinibidos de pelo y de todo, el resultado es tan satisfactorio que al leer ese estudio, sentí que me estaban aclarando muchas cosas. Después de todo, es indiscutible que los calvos tienen un público numeroso y muy leal. Díganlo ahí..

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Belleza inusual








Hay cosas que me invitan de cuando en cuando a reflexiones más o menos serias; por ejemplo: aunque tengo claro que me fascinan los hombres morenos y que su presencia en mi vida ha sido una constante desde que a la edad de 13 años, en la casa de la playa, un obrero negro como la noche, me obligó suave pero firmemente a mamarle su gigantesco aparato y me cogió sin ningún reparo.
Aunque ese evento me marco los gustos, (y lo recuerdo con un placer enorme, a pesar del dolor físico y de lo extraño que fue todo); me gusta también experimentar con otro tipo de hombres; cuya única cosa en común es que siempre son hombres con características definidas: muy pocos catires, latinos de manual, indios buen mozos y pelirrojos.
Esta última, una raza que parece vivir en escondite. En los años que viví fuera de Venezuela, era un poco más fácil ver alguno, aunque no fuera sencillo encamárselos: Me acosté con dos en once años. Pero aquí; tengo 5 años viviendo en este pueblo y jamás me he tropezado con alguno, ni para verlo en la calle; mucho menos para tenerlo en mi cama.
Lo peor es que me gustan. Me parecen guapísimos, con todo ese vello suavecito color naranja que los cubre, las pecas, la piel casi perfectamente rosada surcada por venas azules que parecen delineadas, y esos penes casi transparentes de blancura deliciosa.
Seria rico conseguirse alguno para variar, pero me temo que voy a tener que irme de viaje.