










Es un desliz de mi tendencia a sentir que, en definitiva, cualquier hombre medianamente guapo me enciende y el color de la piel no tiene mucho que ver con eso. Me bastan cuerpos bien formados y por supuesto armamentos que merezcan algo más que un saludo firme. Además, necesitan mucho esfuerzo y trabajo para hacerse de esos cuerpos magníficos y eso debería despertar, al menos, nuestra gratitud.
Rubios, gueros, bolillos, catires, monos…Hay para todos, y lo que menos importa es el nombre que le demos a esos hombres de piel blanca y cabellos dorados; igual son una ricura que no se puede dejar pasar, sobre todo cuando el pubis es lo que confirma la verdad de su color.
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