En mis primeros meses de residencia en New York, fui un tipo más bien timorato y asustadizo. Había terminado mis estudios de Derecho y había tenido la oportunidad de viajar mucho como estudiante o en plan de negocios, gracias a que mi papá se esforzaba en convertirme en un abogado digno de heredar su oficina, dandome mucha confianza a una edad en la que otros pensaban en cosas más frívolas (y más divertidas, también). Conocía la ciudad bastante bien, pero nunca había podido "explorarla" a mis anchas, hasta que pude irme a vivir allá por un tiempo: entonces, contrario a lo que siempre pensé que haría, me dediqué a vivir con excesiva cautela, acosado por todos los cuentos que me habían contado y por los muchos mitos que la ciudad tenía para ofrecer.
Eran los locos 80's. No había surgido el SIDA (si, tengo tanta edad como para recordar esa época) y algunos sitios emblemáticos de la ciudad eran comidilla de todos. Estaban las noches de rumba en el Studio 54 y las de derrape en Saint's...pero, algo me faltaba en mi recorrido y aunque sabía lo que era, le tenía un miedo fenomenal: Los latinos del alto Manhattan.






Era un carajo flaco, con un discreto tatuaje en el pecho, un cuerpo rico y una paloma de concurso, llena de vello. Habíamos hecho muy buena química, sentía yo, y nos dábamos de lo más rico; cuando de pronto lo vi hacer señas a otro muchacho, moreno, más acuerpado y muy sexy, que se había "desocupado" poco antes, para unirsenos. No me preguntaron si yo quería. Simplemente, el tipo flaco se despegó de mí, sacandome el delicioso artefacto de mi boca y el otro se acercó, bajó un poco su interior de color rojo, dejando al descubierto la cabeza turgente de un guevote moreno y circuncidado y me lo metió en la boca. Yo me puse de rodillas para poder disfrutarlo mejor y entonces sentí como el flaco empezaba a ocuparse de mi culito. Fue una cogida más bien rápida y hecha con la profesionalidad del caso, pero me llenó de placer. Mientras el flaco estaba bombeandome con fuerza, el otro me daba por la boca intensamente. Algunos de los que allí estaban, se acercaron a mirar y pajearse con el show, y yo, en el colmo de la excitacion, empecé a pajearme con fuerza.

El moreno se me acercó y me dijo en el oído que "le colaborara"con algo, yo saqué un billete de $20 y se lo dí y él me lo agradeció con un besote divino. Los tres nos sonreímos, yo me limpié como pude y volví a vestirme. Estuve un rato más, mirando lo que los demás hacían y poco después, mi flaco comenzó a toquetear a otro rubito que le hacía fiestas.
Salí de aquel pasillo contento por haberme "graduado" en lo que más anhelaba: El calor y el color de los latinos de New York. Volví varias veces a ese sitio y siempre tuve la misma suerte; pero, nunca, nunca, experimenté, afortunadamente, ninguna de las historias de horror que otros contaban que les habían contado.
Desde entonces, amo a los latinos y a los negros.
Wow...!!! la verdad me quedé muy excitado con tu historia, tu manera de expresar y con todo esos detalles, por lo visto, lo disfrustaste mucho y gracias por compartirlo... bueno, Saludos desde Mexico...!!!
ResponderEliminar