Esta mañana, un mes más tarde, tocó el timbre. Me sorprendió porque había olvidado su existencia; saludó con simpatía y entró, después de indagar si estaba solo. Lo hice pasar a mi habitación directamente, como para que no tuviera dudas de mi disposición a complacerlo. Una vez en mi cuarto, se sentó en la cama y preguntó si no tenía una película que pudiéramos ver. Sin advertirlo, puse una de sexo entre hombres y me dediqué a esperar su próximo movimiento. Me pidió que me sentara a su lado, lo hice y pude ver como se empezaba a levantar un deseoso bulto entre sus piernas. Me atreví a tocarlo. El taxista se levantó después de unos segundos y, abriéndose el cierre del pantalón, me dijo que quería una mamadita. Tranquilamente, liberó su hermosa verga, anunciándome que estaba recién afeitada y la acercó a mis labios. La descubrí lentamente: rosadita, firme, larga y de grosor regular, no tenía alrededor ni un solo vello. La saboreé suavemente, pasando mi lengua en movimientos circulares por la enrojecida cabeza de champiñón que luchaba por entrar a mi boca y comencé ansioso a disfrutar de ese desayuno especial.
A medida que chupaba y devoraba esa sabrosa verga, mi taxista me obligaba a darle más y más placer, diciéndome que se lo estaba mamando como una putica. Entonces, se desnudo completamente: Un cuerpo fibroso, delgado, poblado de un delicado vello, con piernas muy fuertes, me envolvió mientras me lanzaba a la cama. Se montó encima de mí y me metió con fuerza su rico guevo dentro de la boca, mientras sujetaba mi cuello y hacia movimientos de empuje para cogerme por la boca. De pronto me preguntó si me tragaría la leche, le dije que si. Se lo merecía. En segundos el siempre agradable sabor de un chorro caliente de semen, inundaba mis papilas en medio de sus gritos ahogados de placer.
Inmediatamente se levantó de la cama, sacudió su rico instrumento y me dijo que eso no estaba bien, que él no era marico, que lo suyo eran las jebas. Se vistió y salió sin despedirse.
Por la sonrisa que llevaba a la salida, se que esa confusión suya me brindará nuevos y mejores placeres. Es sólo cuestión de esperar que su entrepierna ansiosa lo obligue a tocar mi puerta.
Ese vuelve a caer! tu tranquilazo que de que te dan otro teterito, te lo dan! No te apresures a comprar tu calcibon, que lo del calcio este seguira resolviendotelo!
ResponderEliminarBiSexrio
existos y gracias por comparitr tu experiencias y puntos de vista.
ResponderEliminarBiSexrio