



Hicimos conversación banal, le indiqué la dirección de mi casa y emprendimos marcha hacia allá. En algún momento le pregunté si no estaba un poco cansado de trabajar, a lo que él contestó que no, no estaba cansado; pero, tenía poquísimas ganas de seguir trabajando.
Yo aproveche el momento al vuelo y le sugerí venir a mi casa a "descansar y hacer nada" mientras llegaba la hora del mediodía. Él me preguntó si yo vivía sólo; le dije que sí. Hubo una pausa más o menos larga, hasta que me dijo si había un lugar donde estacionarse con seguridad. Casi grité BINGO!!!!!


Fui hasta la cocina a buscarla, y cuando regrese, estaba allí, en mi cama dispuesto a complacerme por completo
Me senté a su lado en la cama y comencé a jugar con ese extraordinario guevo, parado hasta que parecía reventar. Él me pidió que lo pajeara un poco; yo, enloquecido de placer, lo apreté en el puño de mi mano y muy suavemente empecé a bombearlo, mientras acercaba lentamente mi boca a su cabeza. Entonces, Él, se apoyó en sus brazos y me dijo que todo ese guevo era para mi, que hiciera lo que quisiera, que él sabía que a mi, me gustaba jugar con candela....Pero, que me quitara la ropa.
Me levante, y en menos de un segundo estuve totalmente desnudo. Él me miró, pasó su mano a lo largo de mis piernas, y me dijo sonriente
- Pana, tal como me gusta...que rico
Entonces me le lancé encima. Nunca esperé que saliera tan bien de aquello; pero, en segundos, él me besaba, yo acariciaba esa paloma durísima y él me pedía que se lo mamara hasta cansarme. Lo hice de inmediato. Creo que estuve mamando por espacio de 15 o 20 minutos. De verdad. Intentaba sacarlo de mi boca y él me volvía a agarrar por el cuello pidiéndome que no parara, que nunca se lo habían mamado igual de rico, que era mejor que todas las mujeres que se había cogido y entonces, yo volvía a mi oficio, disfrutando como un loco.
Fue en esa locura, cuando noté que ya no podía aguantar más. Me lo dijo, además. Se detuvo un momento para preguntarme si no tenía algo que hacer más tarde, le dije que no y él me respondió que necesitaba acabar, porque no aguantaba y quería que yo lo viera botando su leche; pero, que en un ratico se "recargaba el cartucho" y me lo metería por el culo...
Entendí perfectamente. Metí ese guevo urgentemente en la boca y lo chupe avidamente por un par de minutos más. Entonces me senté a horcajadas sobre él, y con manos diestras, agarré su machete, lo calibré con cara de experto y lo acaricié con mis manos. Él soltó un pequeño gemido. Esa fue la señal, enseguida estaba bombeandolo arriba y abajo con toda la experiencia de quien sabe hacerlo, mientras él se retorcía de placer y decía todas las guarradas imaginables. En poco tiempo, soltó un riquísimo chorro de leche que bañó la cama y me alcanzó hasta en los ojos.
Se tumbó en la cama, jadeante y me pidió que me tumbara a su lado.
Cumplió su promesa; pasado un rato, quizás una media hora, se incorporó, me ensenó de nuevo su guevo muy bien recargado y me pidió que "me pusiera en cuatro". Pero creo que esa es otra parte de esta historia, sucedida hace menos de dos meses y que, según lo que estoy viendo, seguirá dándome mucho placer vivirla; gracias, según dice mi taxista de turno, a mi estupendo talento para pajear a un macho...
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