




Edmundo es pintor de casas; tiene el cuerpazo divino de quien nunca se ha enfrentado a un par de mancuernas ni a una barra paralela. Piernas gruesas y duras, pecho amplio y peludo, nalgas apretaditas, cara de muchacho desvalido, ojos enormes y un aparato grueso y juguetón que me ha dado muchas horas de placer. Pero lo que me gustaba más de él ya no existe: un pubis repleto de vellos negros a los que él jamás prestó atención alguna. Algunas veces, esa pelambre almacenaba su rico olor a hombre trabajador; algunas otras, servía para recordarme que estaba en la cama con un hombre de verdad, que no perdía el tiempo en muñequearse.
Realmente lamenté la ocurrencia de Edmundo, tanto como lamento con frecuencia que los tiempos en que el hombre era un animal de pelo en pecho parecen haber desaparecido para siempre. No me gusta la ausencia de vellos; me he resignado ante el riesgo de sepultar mi vida sexual, pero insisto en desear que mis hombres sean peludos. Después de todo, el vello corporal es asunto de machos, y a mí, sin duda alguna, me encantan los machos…
Hola
ResponderEliminarPiensas igual que yo, pues he tenido sexo con machos desde que era un niño y lo más excitante para mi era el poder ver los pelos de un hombre saliendo de su interior. Recuerdas el dicho: Si así es el camino como será la montaña. Je Je. En fin yo cuando conozco a un tipo macho, ya que soy pasivo, averiguo primero si tiene sus pelos o no.
Gustavo
pues a mi parecer los hombres peludos son mas interesantes, como mas hombres, no me digan que no se le antoja un hombre que tiene pelos hasta en los dedos de las manos??
ResponderEliminarlos pelos siempre me han oarecido como una parte muy privada y eso exactamente es lo que me produce tanto placer, ya que no hay como frotar tu mata de pelos con la mata de otro macho